Soberanía alimentaria, agricultura ecológica e investigación participativa


por Nelson Alvarez Febles(*)

Ponencia presentada al 3er Simposio de Agroecología, “La agroecología como rama investigativa y posibilidades para su aplicación en Puerto Rico,” presentado por SOCLA, el 2 de marzo de 2010, Universidad de Puerto Rico, Utuado.




0. A manera de introducción

Gracias a las organizadoras y los organizadores, agricultoras y agricultores e instituciones presentes, por la oportunidad de participar en el Tercer Simposio de Agroecología, a través de esta ponencia al panel Identificando necesidades y potencial de investigación participativa.

En estos breves apuntes intentaremos ofrecer ideas y algunas provocaciones dirigidas a argumentar que, primero, Puerto Rico tiene que encarar urgentemente el tema de la soberanía alimentaria; segundo, en nuestra Isla es imposible pensar un futuro de producción sostenible de alimentos en cantidades significativas sin asumir como estrategia central las premisas de la agricultura ecológica; y, tercero, que en ese proceso será necesario utilizar metodologías de investigación participativa. Terminamos haciendo un punteo sobre temas que pensamos podrían, entre muchos otros, ser objeto de investigación participativa futura.


1. La soberanía alimentaria, agenda urgente

Durante el Siglo 20 se logró establecer como un derecho la seguridad alimentaria, el derecho a la población de un país a suficientes alimentos de calidad a través de todo el año. Por mucho tiempo esto se entendió como una responsabilidad de los estados, para lo cual se desarrollaron estrategias nacionales de investigación, extensión, almacenamiento y distribución. Las importaciones eran vistas como complementos a la producción nacional, y solamente en casos de emergencias humanitarias (causadas por desastres naturales o guerras) se justificaba la ayuda alimentaria mediante importaciones masivas.

Sin embargo, en las últimas décadas del Siglo 20, en plena expansión de la economía neo-liberal, se modifica el concepto de seguridad alimentaria bajo presión de los países industrializados con enormes excedentes de alimentos y las compañías transnacionales que monopolizan el comercio internacional de ‘commodities’ agrícolas (alimentos que se venden a granel sujetos a especulación en los mercados). Se estableció que lo importante era tener acceso a los alimentos en el mercado internacional, y se desmantelaron las estructuras de seguridad alimentaria en los países en desarrollo, bajo exigencias de las agencias internacionales crediticias como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Unos tras otro, en plena campaña para reducir el tamaño de los estados en vías de desarrollo a través de las privatizaciones, se obliga a los países más pobres a dejar en manos privadas la investigación, el desarrollo y la producción agrícola.

Se sacrifican las reservas nacionales de alimentos y se prioriza el acopio de divisas para comprar alimentos en el extranjero, alimentos que muchas veces eran ajenos a las mejores tradiciones agrícolas y culturales nacionales. Para conseguir esas divisas se promueven los cultivos de lujo para la exportación (café, palmas aceiteras, monocultivos de árboles para papel, etc.), en detrimento de la producción local de alimentos.

El impacto negativo de esas políticas sobre las economías nacionales, los recursos naturales y las poblaciones rurales es historia. Como respuesta, en el 1996, durante una reunión sobre recursos vegetales para la agricultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultora (la FAO), en Leipzig, Alemania, la Via Campesina, que reune a millones de agricultores familiares de todo el mundo, lanzó el nuevo concepto de la Soberanía Alimentaria, el cual incluye entre sus premisas que:

· La alimentación es un derecho humano básico.
· Todos los pueblos y estados tienen el derecho a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias.
· Se debe garantizar el bienestar y la permanencia de la población rural.
· Los pueblos tienen el derecho a producir la comida en su territorio, en formas que refuercen sus valores culturales y respeten el medio ambiente.
· Los pueblos indígenas, las comunidades locales, los campesinos, los agricultores, especialmente las mujeres, tienen derecho a contar con los recursos necesarios para producir comida, lo cual incluye acceso y control sobre la tierra, las semillas, el agua, los créditos y los mercados.

Hacia el año 1940 la agricultura puertorriqueña producía azúcar, tabaco y otros rubros para la exportación, mientras suplía el 65% del mercado interno de alimentos. Necesitamos volver a producir localmente una parte importante de nuestras necesidades nutricionales, si queremos garantizar en el futuro una soberanía alimentaria que ofrezca algo de seguridad en la disponibilidad y calidad de alimentos, desarrollo económico local sostenible y afinidad cultural.


2. La agricultura ecológica, agenda inevitable

Desde hace algún tiempo venimos argumentado que no hay un verdadero futuro agrícola para Puerto Rico, como proveedor significativo de alimentos para nuestra población, si no adoptamos como estrategia central la producción agroecológica. Veamos algunos argumentos:

· Nuestro territorio no aguanta más maltrato ni contaminación a sus recursos naturales agrícolas, como es el caso de los suelos, aguas y biodiversidad (silvestre y agraria). También se debe tener en cuenta el impacto negativo sobre la salud de la población de las prácticas agrícolas contaminantes.

Por lo tanto cualquier intervención agrícola masiva, como la que sería necesaria para producir una parte significativa de nuestros alimentos, no solamente no puede continuar deteriorando el medio natural, sino que tiene que incluir estrategias de mitigación y recuperación ambiental.

En cuanto a la salud humana, existen pruebas científicas que relacionan muchos problemas de salud física y mental –incluyendo algunas enfermedades muy comunes en Puerto Rico- con el abuso de químicos tóxicos en la agricultura y el procesamiento de los alimentos.

· Tenemos serios problemas en Puerto Rico de disposición de desperdicios sólidos, algunos de los cuales podrían a ser materia prima para la agricultura ecológica.

A través de un manejo apropiado, gran parte de los desperdicios orgánicos caseros e industriales, así como las podas, desyerbos y residuos de jardinería, pueden servir de abonos orgánicos. Existen experiencias a través del mundo que lo demuestran.

ADVERTENCIAS: (1) Estamos en contra del uso de abonos que son sub-productos del manejo de lodos urbanos, el llamado sludge, por lo menos hasta que no se garantice que están libres de productos contaminantes; (2) El reciclaje de desperdicios debe formar parte de esfuerzos más amplios para reducir la cantidad de basura que generamos los puertorriqueños.

· Hace falta intensificar la producción para producir alimentos en forma ecológica y eficiente en una Isla super-poblada como la nuestra.

La intensificación a través del modelo de monocultivos en base a un alto nivel de insumos externos tipo revolución verde (agro-químicos, fertilizantes de síntesis, riegos, semillas híbridas o transgénicas, maquinaria pesada), más allá de los problemas que ha causado a través del planeta, no es una opción en nuestro caso.

Mientras tanto, existen muchos ejemplos de cómo las fincas agroecológicas pequeñas y medianas pueden ser netamente más productivas que las grandes extensiones en monocultivos industriales. Cuando se cuantifican todos los alimentos y otros productos agrícolas y servicios que proveen las fincas familiares a través del año, resultan ser altamente productivas.

· Como país y ciudadanos debemos reducir nuestra huella ecológica sobre el planeta. L@s puertorriqueñ@s tenemos tasas muy altas de uso de energía, producción de residuos, contaminación química y de generación de gases que ayudan al efecto invernadero y al cambio climático.

A la agricultura, transporte y procesamiento de alimentos a nivel mundial se le adjudica una parte de la responsabilidad sobre el cambio climático. Nosotros no solamente hacemos una agricultura altamente dependiente de la mecanización y productos derivados de hidrocarburos, también refrigeramos y transportamos nuestros alimentos desde largas distancias para traerlos a la Isla por barco y avión. Las prácticas agroecológicas deberían ayudar a reducir nuestra huella ecológica.


3. La investigación participativa, agenda necesaria

Existen múltiples propuestas para la investigación participativa:

· Algunas plantean modestas concesiones en la ejecución de sus estudios por parte de los investigadores técnicos y académicos ante las poblaciones objeto.
· Otras incluyen a los supuestos beneficiarios de las investigaciones en la formulación de objetivos y el desarrollo de estrategias para la implementación de nuevas propuestas, pero los técnicos mantienen el control.
· Una genuina investigación participativa parte de un paradigma distinto al modelo dominante, y los técnicos y las comunidades agrícolas trabajan en situación de igualdad y respeto mutuo desde el diagnóstico, el desarrollo de las metodologías, los estudios de campo, hasta la implementación de las innovaciones a nivel de la finca y la evaluación de las experiencias.

En relaciones de paridad entre los técnicos y los agricultores el conocimiento, sea científico, comunitario, empírico o hereditario, es valorado en términos igualitarios.

En la tabla que sigue vemos algunos ejemplos de cambios de paradigmas
(NOTA DEL AUTOR: el formato de tabla no sale aquí en el blog, usamos los números 1 y 2 para indicar las columnas):

Comparación de paradigmas entre (1)la investigación académica y
(2) la investigaciónla participativa

1. La investigación en manos de los técnicos
2. La investigación desde los agricultores y comunidades
Meta
1.Hacer los proyectos más eficientes
2.Metas múltiples: económicas, ecológicas y sociales

Objetivo
1. Definición externa de los grupos designados como objeto de los proyectos de desarrollo
2. Múltiples articulaciones con diversos actores; coaliciones amplias y alianzas para el cambio social

Métodos principales para el análisis y la planificación
1. Armar registros, cuestionarios, relevar data, valoración del beneficiario, análisis de costo beneficio
2. Acción y aprendizaje participativo y metodologías participativas complementarias, democracia deliberativa, defensa, construcción de coaliciones, acción directa

Roles dominantes y relaciones
1. El tecnócrata iluminado y paternalismo benevolente
2. Paridad social genuina y complementariedad en el ejercicio del poder
Condicionamientos externos
1. El contexto más amplio es ignorado, no se cuestionan temas como los derechos de propiedad, tenencia de la tierra, relaciones sociales, adopción de decisiones, estructuras y procesos
2. Explícitamente preocupados por el cambio del contexto más amplio de la vida de la gente: metas sociales y ecológicas, diversidad de opciones, muchos futuros posibles

Metas de desarrollo
1. Mejoramiento de productos y servicios
2. Minimizar la necesidad para la intervención externa, autonomía
Diversidad (social y ecológica)
1. Baja
2. Alta
(Adaptado de: Michel P. Pimbert.2003.)

A continuación sugerimos algunas puntas para la investigación participativa agroecológica en Puerto Rico:

3.1. ¿Cómo sumar biodiversidad productiva a la finca? En Puerto Rico urge enfocar en los agroecositemas de montaña, por la capacidad que tienen de diversificación e intensificación productiva.

· Estudiar diversos componentes de producción y la (inter)relación entre ellos: hortalizas, tubérculos, forestales, animales, apicultura, cultivos de alta rentabilidad (cash crops): café, flores, frutas exóticas, maderas nobles, plantas medicinales.

3.2. Estabilización ecológica y productiva de la finca orgánica.

· Control de erosión del suelo.
· Manejo de los ciclos del agua.
· Manejo de la fertilidad de los agroecosistemas a través de la materia orgánica, rotaciones y asociaciones de cultivos.
· Establecimiento de componentes permanentes y semi-permanentes en la finca; estudio de sistemas tradicionales e integración de estrategias de permacultura.
· Reducción/estabilización de las plagas y enfermedades en el agroecosistema.
· Diversidad de productos en el espacio y el tiempo.

3.3. El uso de leguminosas y otras plantas como coberturas y acompañamiento en las rotaciones de cultivos para añadir resiliencia al agroecosistema.

· El uso de leguminosas rastreras (habichuelas aladas, aterciopeladas, etc.) en acompañamiento de cultivos y descanso de los suelos.
· Multiplicidad de funciones en las coberturas: manejo de humedad, materia orgánica, control de vegetación no deseada, biodiversidad, polinización, protección del suelo.
· ‘Manojos’ (bundles) de cultivos como coberturas en las rotaciones para que cumplan varias funciones: soltar el suelo y sub-suelo, añadir nutrientes, control de vegetación, proveer biomasa, funciones alopáticas, etc.

3.4. Complementos para el sustento de la familia agrícola en la finca agroecológica.

· La finca orgánica y el mercadeo directo alternativo; con apoyo comunitario (CSA).
· El ecoturismo participativo.
· La finca ecológica como espacio educativo.
· La micro-industrialización para añadir valor en la finca: mermeladas, bebidas, pastelería, dulces, artesanías, comidas, ensaladas, entre otros.
· Producción y venta de productos y servicios para la agricultura: abonos orgánicos, semillas, plantines, arado con bueyes, transporte de mercancías, etc.

3.5. El agricultor y la agricultora como custodios de la biodiversidad agrícola.

· Criterios para seleccionar variedades en la finca orgánica.
· Los agricultores como mejoradores de cultivos.
· Sistemas comunitarios para conservar, reproducir y distribuir semillas orgánicas.
· Recuperación de variedades nativas adaptadas a los agroecosistemas puertorriqueños.
· Re-introducción cultural de cultivos y variedades tradicionales en la alimentación y el mercado.

Muchas gracias y esperamos que estas notas aporten a construir esa otra agricultura posible que Puerto Rico necesita y merece.
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(*)El autor es especialita en agricultura ecológica y políticas públicas en biodiversidad agrícola, y autor de "El Huerto Casero: manual de agricultura orgánica" (2008) y "La Tierra Viva: manual de agricultura ecológica" (1993, abril 2010). Correo electrónico: info@ecoser.org


Referencias y recursos:

Nelson Alvarez Febles. (Inédito) “De la autosuficiencia alimentaria a la colonia, camino de la soberanía alimentaria.” Capítulo para un libro sobre soberanía alimentaria en Puerto Rico, de próxima publicación.

IDRC. “Recursos de información sobre la investigación y el desarrollo participativo.” Canadá.
http://www.crdi.ca/lacro/ev-85105-201-1-DO_TOPIC.html

GRAIN (Nelson Alvarez Febles): “La biodiversidad agrícola produce más.” Revista Biodiversidad, junio 1998.

PANNA. Extensa literatura científica sobre el impacto de los plaguicidas sobre la salud y el medio ambiente. Hay información para expertos, agricultores y público en general.
http://www.pesticideinfo.org/
Pesticide Action Network of North America:
http://www.panna.org/

Michel P. Pimbert. 2009. Towards Food Sovereignty. Gatekeeper 141, IIED, Londres.
http://www.iied.org/pubs/pdfs/14855IIED.pdf

Michel P. Pimbert. 2003. “Participación en el manejo de la biodiversidad.” Revista Biodiversidad: sustento y cultura, núm 36, págs. 1-7, abril, Montevideo.
http://www.grain.org/biodiversidad_files/biodiv36-1-participacion.pdf

Jules Pretty. 2009. “Can Ecological Agriculture Feed Nine Million People?” Monthly Review, November.
http://monthlyreview.org/
Para conocer la excelente bibliografía de Jules Pretty sobre sustentabilidad agrícola:
http://www.julespretty.com/index.html

C. Reijntjes, B. Haverkort, A. Waters-Bayer. 1995. Cultivando para el futuro: introducción a la Agricultura de Bajos Insumos Externos. ILEIA/AGRECOL/REDES, Holanda/Uruguay.
http://latinoamerica.leisa.info/index.php?url=about.tpl

Sembrando puentes en nuestro conocimiento

por Nelson Alvarez Febles


El texto que sigue es el prólogo al libro de José Rivera Rojas, “Desde Borinquen Atravesada: apuntes para una sustentabilidad jíbara.” Editado por María Benedetti, generosamente ilustrado, publicado por SembrArte, PT. ISBN 978-0-9840754-1-6, 200 páginas, Caguas, 2009. Disponible en las principales librería o a través de: bendicionesbotanicas@gmail.com


En su libro “Desde Borinquen Atravesada: apuntes para una sustentabilidad jíbara,” el agricultor cagüeño José Rivera nos demuestra la palpitante vigencia de nuestro mundo campesino hasta los años setenta del siglo XX, cuando el resto del país ya vivía una realidad de autopistas, condominios, centros comerciales y suburbia norteamericana.

La cultura jíbara seguía produciendo y reproduciendo saberes, aún cuando la oficialidad gubernamental la iba encasillando en folklore navideño, ferias de artesanía y concursos de trovadores. Sobrevivía un complejo entramado de conocimientos sobre la naturaleza −animales, flora silvestre y cultivos− que continuaba aportando un sustrato sumamente valioso a nuestra agricultura. Todo esto, a pesar de la supuesta revolución verde que ya empezaba a tener sus impactos devastadores sobre nuestro medio natural y la salud de nuestra gente.

Aun prevalecía en nuestra sociedad rural un complejo sistema de valores que incluía la solidaridad, el respeto a los demás, a la naturaleza y –muy contrario a lo que se ha querido transmitir en una imagen ridiculizada del jíbaro– un profundo sentido del amor propio. Lo dice José Rivera cuando declara orgulloso que: “Las casas que construíamos quedaban bonitas y bien cómodas”, y cuando asemeja el conocimiento campesino sobre agricultura a “un doctorado en la materia”.

La palabra jíbaro es un vocablo que viene de los pueblos arahuacos del norte de América del Sur. En Puerto Rico, esta palabra se utilizó primero para designar a las poblaciones indígenas que se adentraron a las montañas de la Isla en defensa ante el genocidio español. Se dice que para los taínos la palabra jíbaro quería decir ‘gente del bosque’ y que así se llamaban a si mismos. Nuestros jíbaros serían los descendientes de los taínos en un mestizaje con españoles y negros. Con el tiempo, la palabra se utiliza para designar en Puerto Rico a los campesinos de las montañas y su cultura. No es hasta el proceso de rápida industrialización a partir de los años cincuenta que se comienza a utilizar la palabra jíbaro como sinónimo de persona culturalmente rezagada o ignorante.

Los jíbaros son también nuestros campesinos puertorriqueños, desterritorializados y convertidos en reliquia en el imaginario social. En Puerto Rico el complejo y altamente productivo acervo de conocimiento tradicional fue ignorado, desapercibido y negado, debido a las privaciones, la pobreza y el despojo territorial que sufrió nuestro campesino en las haciendas de montañas y en los cañaverales. Era cierta la miseria del ‘jíbaro arrimao’, desterrado por los hacendados a vivir con sus familias en terrenos marginales de muy baja productividad agrícola, prohibido de criar animales domésticos para que éstos no dañaran las siembras del amo. Eran muchos los jíbaros amarrados por regímenes seudo-esclavistas a las economías de las haciendas, privados prácticamente de toda educación formal y sometidos por el látigo o la pistola del mayoral en las centrales azucareras hasta la mitad del siglo XX. Las clases terratenientes mantuvieron por siglos a nuestros campesinos en condiciones infrahumanas.

El rechazo de nuestra cultura campesina tradicional fue alimentado por el devastador impacto de varios fenómenos naturales y sociales: los huracanes San Ciriaco a finales del siglo XIX y San Felipe en el 1929, la gran depresión económica mundial a partir del mismo año, enfermedades como la anemia infecciosa, la bilharzia y la malaria. Las condiciones de extrema pobreza que resultaron de tantos azotes fueron confundidos con una supuesta “inherente mediocridad” en la manera de los jíbaros aproximarse a la realidad. No es de extrañar el cruel retrato que nuestra literatura hace de ese jíbaro, desde la miseria física y moral en La Charca de Manuel Zeno Gandía en el siglo XIX, hasta la desgracia existencial del campesino obligado al exilio, ya sea el urbano en “En el fondo del caño hay un negrito”, o a los niuyores, en “La carta”, ambos cuentos de José Luis González.

Sin embargo, existe muchísima evidencia de que allí dónde nuestros jíbaros tuvieron acceso a suficiente tierra de buena calidad, con bosques y agua para cubrir las necesidades familiares y comunitarias, los campesinos establecieron fincas altamente productivas que permitían alimentar a familias numerosas, apoyar a los vecinos más necesitados y vender excedentes en los mercados locales o de exportación. No es éste el lugar para entrar en una discusión más académica; basta con dar dos ejemplos. Primero, ésa fue la experiencia que testimonié cuando viví en el Barrio Matuyas Bajo de Maunabo a finales de los años setenta. Allí conocí a familias que habían desarrollado actividades productivas rurales diversas y exitosas, y que habían criado y educado muchos hijos –propios y ajenos– en entornos sociales bien estructurados, basados en su enorme caudal de conocimientos sobre la naturaleza. El otro ejemplo es lo que nos cuenta José Rivera en estas páginas. Un mundo de niños y niñas saludables creciendo y educándose en el Barrio Borinquen Atravesada de Caguas en los años cincuenta y sesenta. Familias que manejan sistemas complejos de conocimientos para su sustento: agricultura para la alimentación de personas y animales, construcción, fabricación de herramientas y la conservación y usos sustentables de los recursos naturales.

Llama enormemente la atención lo que nos comparte José Rivera sobre la calidad y cantidad de conocimientos tradicionales en torno a la agricultura y la naturaleza. En Puerto Rico se ha negado la existencia de un conocimiento tradicional importante, argumentado el genocidio indígena y la temprana inmigración europea y africana. Nosotros refutamos esa ruptura histórica y apoyamos la tesis de que en la Isla hubo una importante supervivencia indígena mucho más allá del siglo XVI. La justifica la extensa y comprobada presencia genética, lingüística, toponímica, cultural y tecnológica taína, así como la historia de la colonización tardía europea de la zona central montañosa.[1]

En el artículo 8j de la Convención sobre la diversidad biológica, aprobada por 150 países[2], se define al conocimiento tradicional como “…los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas y locales que entrañen estilos tradicionales de vida pertinentes para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica”. Por lo general, este conocimiento –intrínseco a las comunidades campesinas tradicionales– es desarrollado a través del tiempo y depende de la transmisión intergeneracional. En la actualidad, a nivel mundial, el conocimiento tradicional se considera uno de los pilares para la conservación y uso sustentable de los recursos naturales.[3]

Para poner un ejemplo del libro que comentamos, durante las décadas pasadas se burlaban cuando uno proponía que en Puerto Rico había que volver a usar las yuntas de bueyes para arar en las fincas de montaña. Se puso de moda el uso de puercas, maquinarias pesadas, para “limpiar” los terrenos inclinados, pues el Departamento de Agricultura ofrecía incentivos para que los agricultores las utilizaran. Todavía se pueden ver operadores temerarios subir y bajar con esas máquinas, arrastrando toda la vegetación y el mantillo o tierra fértil al fondo de las rejoyas o lomas. No cuesta mucho deducir el daño a los suelos, la destrucción de los cuerpos de agua y la pérdida de biodiversidad terrestre y acuática. Tales prácticas, unidas al uso de agrotóxicos, han contaminado montes, ríos, lagos, estuarios, manglares y arrecifes coralinos.

Recientemente las autoridades agrícolas han vuelto a incentivar el uso de la yunta de bueyes en nuestras fincas de montaña. ¡Enhorabuena! Aunque sea para evitar provocar más daño y facilitar la recuperación de nuestros agroecosistemas. Y felicitaciones a José Rivera por que nos ofrece en estas páginas mucha información sobre cómo se doman los bueyes, cómo se ara con ellos y cómo se les cuida.

Cómo parte del proyecto de SembrArte, PT, en La Casa Jíbara del Siglo XXI del Jardín Botánico y Cultural en Caguas,[4]José Rivera incorporó una yunta de bueyes y aró aquellos terrenos con ellos. Sabemos de otros agricultores en Cidra, Cayey, Humacao, Toa Alta, Barranquitas, Hatillo y Orocovis que han hecho lo mismo. Sin esta memoria viva, las decisiones gubernamentales quedarían en papel mojado o como vanos intentos de reinventar valiosas tecnologías nacidas de una larga evolución entre el ser humano y el medio natural.

Ante los intentos de la ciencia reduccionista oficial de despachar el conocimiento campesino como resultado del azar o de ensayos tipo “prueba y error”, muchísimos estudios demuestran que a través de los siglos los agricultores han llevado a cabo investigaciones inteligentes en áreas tales como la selección y mejoramiento de cultivos, el desarrollo de tecnologías apropiadas y la transformación del medio natural para hacerlo sustentablemente productivo. Desde hace algún tiempo vengo afirmando −y me apoyan investigaciones recientes[5]− que las familias campesinas e indígenas constituyen las comunidades humanas con el mejor expediente como manejadores sustentables de los recursos naturales a través del planeta.

Son muchos los ejemplos presentados en este libro que demuestran el manejo sustentable de los recursos. El padre de José Rivera siembra para dar de comer a la familia, a los vecinos que están necesitados y para la venta, lo cual es una estrategia de estabilidad y diversificación de riesgos típica de las familias agrícolas. Como dice el autor: “Éramos pobres, pero en la pobreza no faltaba nada”. Los cultivos se siembran en acompañamiento (cómo el maíz y el arroz), y se van rotando de lugar para dejar descansar a la tierra y mejorar la producción. Los animales, las siembras, el estiércol, el agua limpia, los bueyes, los cuerpos celestes, todo forma parte de un sistema agrícola integrado. En la finca de la familia de José hay un bosque −“el montecito”− que no se tala, pues es una reserva de madera, algo común en muchos pueblos tradicionales que entienden que no todo puede ser devastado para ganancias a corto plazo.

Todo animal y planta de uso humano viene acompañado de un nombre y un caudal de conocimiento. Cuando perdemos este conocimiento, ese recurso biológico pierde su utilidad para nosotros. Siempre recuerdo con cariño a don Santos Rodríguez[6], maestro agricultor allá en el Barrio Matuyas en los años setenta, quien le conocía nombres y usos a prácticamente todas las plantas y árboles en aquellos entornos. Nuestro más joven don José Rivera es otro maestro agricultor que nos enseña a ponerle nombre y uso a los habitantes de nuestros campos.

Debemos agradecerle a José Rivera que nos cuente cómo se siembra el arroz, el maíz, el tabaco, los ñames. En todo, el autor del libro manifiesta una sensibilidad propia del que se considera parte de su entorno, no rey y señor. A los bueyes se les trata con respeto y cuidado. El lechón –a pesar de su destino como alimento– es una mascota al que se le busca agua limpia y se le cocina. Las plántulas o plantines de tabaco se trasplantan con infinito cariño del semillero a la tierra.

A pesar de que en los relatos se percibe un mundo machista bajo la autoridad del abuelo Papá, nos llama la atención la riqueza de relaciones sociales entre los niños, entre las mujeres y entre hombres, mujeres y niños. Es preciosa la descripción de los juegos, la fabricación de juguetes y la libertad y respeto con que jugaban juntos niños y niñas. La mujer tiene un lugar propio en el mundo del trabajo agrícola y se le trata con respeto en sus distintos roles. Este libro nos presenta mujeres fuertes y hombres que lloran. Por supuesto que no se trata de un mundo ideal, pues el autor nos describe también obreros agrícolas que trabajan por tres pesos al día, niños que riegan pesticidas sin ninguna protección y pobres entre los pobres.

Faltaría mucho por comentar, pero sobre todo me alegra leer en estas páginas que nuestro conocimiento tradicional no es hoy meramente folklore, que está vivo en las mentes de gente relativamente joven como este don José que escribe el libro que tienes en tus manos. También me llena de esperanza saber que personas como José Rivera están entre nosotros, dispuestos a participar de la educación de nuestros jóvenes, ya sea haciendo huertos escolares orgánicos o creando proyectos como SembrArte.

Creo sinceramente que, más allá de cual sea el futuro de ese proyecto que María Benedetti y José Rivera han llevado con tanto esmero investigativo y dedicación humana, la labor de SembrArte, P.T. –y específicamente la Casa Jíbara del Siglo XXI– quedará para la historia como uno de esos maravillosos puentes que tendemos desde el pasado, a través de un presente inquieto y renovador, a un futuro que siempre imaginamos mejor.

Gracias, José, por dejarnos sembrar con tus semillas la esperanza.

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Nelson Álvarez Febles lleva desde el 1977 practicando la agricultura orgánica y trabajando sobre la agricultura ecológica como una alternativa sustentable y socialmente justa. Tiene estudios en sociología y derecho y una maestría en ecología social. Es autor de El Huerto Casero: manual de agricultura orgánica (1984, 2008), La tierra viva: manual de agricultura ecológica (1993) y docenas de artículos sobre la biodiversidad y el conocimiento agrícola tradicional. Produjo los videos La composta: el oro marrón de los agricultores y Agricultura para los nuevos tiempos (INEDA/UMET). Para comunicarse: alvareznelson@hotmail.com.

[1] El Dr. Juan Manuel Delgado desarrolla estos y otros conceptos afines en el curso “Historia de la sobrevivencia indígena en Puerto Rico”, en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, en San Juan, Puerto Rico. http://www.ceaprc.org/index.php

[2] Firmado en 1992 en Río de Janeiro, Brasil, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Es interesante visitar el sitio en Internet de la Convención, con versión disponible en español: www.cbd.int

[3] El estudio del conocimiento tradicional, o traditional knowledge como se le conoce en inglés, es un campo dinámico de la antropología, la etnología y ecología social. Existe abundante información, una rápida búsqueda en Internet sirve para adentrarse en un fascinante campo de estudio.

[4] Este proyecto estuvo a cargo de Rivera y Benedetti desde su comienzo (2004) y construcción (2006) hasta junio del 2009, que SembrArte dejó de administrar la Casa Jíbara y se desvinculó del Jardín Botánico y Cultural de Caguas.
[5] En el sitio de la Convención de Diversidad Biológica hay mucha información sobre la relación entre el conocimiento tradicional y la sustentabilidad (ver la nota 3, arriba). El Prof. Jules Pretty, británico, ha investigado y escrito extensamente sobre el tema, y acaba de publicar Sustainable Agriculture and Food, una obra de cuatro volúmenes (Earthscan, ISBN 1844074080, 2008).

[6] “Los cuentos de Don Santos”, libro que publiqué en el 2005, lleva su nombre en un homenaje a la sabiduría de nuestra gente de montaña (ABRACE/Ediciones Callejón, ISBN 9974663857).

Taller en Barranquitas con Nelson y Raúl, 11-12 octubre

Taller Práctico de Huerto Casero Orgánico con Nelson Álvarez y Raúl Rosado
Vivero de Árboles Nativos, Cañón San Cristóbal, Barranquitas

[Preparando composta en estructura de madera]

Participa en un taller práctico sobre el huerto casero orgánico. Aprende sobre el proceso de la siembra, cómo mejorar la calidad del suelo, cómo hacer la composta, el control natural de plagas y enfermedades, entre otros temas. Además, se discutirán aspectos teóricos sobre la agricultura orgánica, la agroecología, la alimentación saludable y la seguridad alimentaria en Puerto Rico. El taller será ofrecido por Nelson Álvarez Febles, experto en agricultura orgánica, ecología social y el desarrollo sustentable, y autor del popular libro El huerto casero: manual de agricultura orgánica. Contaremos con la participación del agricultor orgánico Raúl Rosado.

Fecha: 10 y 11 de octubre de 2009
Nivel de dificultad: 2
Hora: sábado, 8:00am a 5:00pm
domingo, 9:00am a 4:00pm
Aportación: individuos $70.00
amigos individuos $35.00


Plazas limitadas, para apuntarte llama al Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico: 787 722 5834

Agricultura sustentable de los Incas en Cusco, Perú

VER FOTOS EN http://www.flickr.com/photos/ecoseragroeco/sets/72157622442092880/

En el mes de agosto de 2009 estuve con mi hijo Joel en la Ciudad de Cusco, Perú. Visitamos ruinas dentro de Cusco, hermosa ciudad y antigua capital de los Incas, y en el Valle Sagrado. Finalmente, tuvimos el privilegio de visitar la Ciudadela de Machu Pichu, gran centro ceremonial, político y de estudio que nunca fue saqueado por los invasores españoles.

Los Incas llegaron a tener un imperio (se dice que benévolo, habría que ver si tal cosa es posible) que iba desde la actual Colombia hasta el sur de Santiago de Chile. Tenían más caminos empedrados que los romanos en la antigua Europa. Se cuenta que podían comer pescado fresco de aguas saladas en Cusco, a cientos de kilómetros del mar, gracias a un elaborado sistema de mensajería. En contra de todo lo que se nos ha contado, vimos que sí tenían un sistema de escritura basado en nudos y cuerdas. Claro, los invasores destruyeron todo lo que pudieron, para poder justificar el saqueo de las ciudades y su riquezas, y esclavizar a los habitantes.

Ya sabía, por mis estudios y viajes previos, que los habitantes de los Andes acostumbran sembrar una gran variedad de cultivos en distintos 'pisos ecológicos', es decir en una gran variedad de agroecosistemas a distintas alturas. Una misma comunidad o familia agrícola siembra a través del año en 'chacras' a distintas alturas sobre el nivel de mar, y pueden haber cientos de metros de diferencia entre ellas. Esto le provee a las comunidades quechuas y aymaras seguridad y estabilidad alimentaria. Si quieren ver más la agricultura andina campesina, un buen sitio para comenzar es visitando: www.agruco.org y http://www.agrecolandes.org/

Pero lo que me llamó la atención es la gran importancia que los Incas le dieron a las investigaciones agronómicas hace más de 500 años. En todas las ruinas importantes que visitamos habían terrazas y otras estructuras de piedra que se usaban para estudiar, mejorar y adaptar las variedades de cultivos a diferentes condiciones de altura, clima y suelos. También eran comunes los observatorios astronómicos, lo cual les permitía anticipar el clima con bastante precisión. El desarrollo de una sofisticada ciencia agrícola les permitió producir alimentos de calidad en cantidad suficiente allí donde se establecieron, ya fuese en la selva amazónica o en montañas a más de 400 metros de altura.

Bueno, espero que disfruten las fotos.

ENCUESTA SOBRE CONTROL DE PLAGAS

(Foto del autor)


ENCUESTA SOBRE INNOVACIONES DE CONTROL DE
PLAGAS Y ENFERMEDADES
EN AGRICULTURA ECOLÓGICA/ORGÁNICA/PERMACULTURA

Nos interesa conocer las innovaciones prácticas que los/las agricultores/ agriculturas ecológicos han venido desarrollando en Puerto Rico en el área del control de plagas y enfermedades. Estamos especialmente interesados en el manejo de plagas y enfermedades de cultivos de uso común en la Isla.

Las innovaciones que nos hagan llegar y sean seleccionadas serán incluidas en el capítulo de Control de Plagas de una nueva versión del libro La Tierra Viva: manual de agricultura ecológica, en la cual estamos trabajando y de probable publicación el en 2010. Junto con cada entrada se incluirá el nombre del agricultor/a que nos la haga llegar, junto a información de contacto, etc.

Pueden usar el formulario/guía que se incluye abajo para hacernos llegar su colaboración. Por favor separar las colaboraciones si envían más de una. Si lo desean pueden mandar fotos, dibujos, esquemas. Me lo envían a la dirección de email o postal que sigue. No dejen de escribirme si tienen alguna pregunta.
Nelson Alvarez Febles

alvareznelson@hotmail.com

180 Hostos 302
San Juan., PR 00922
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LA ENCUESTA
(NOTA: La pueden cortar y pegar en otro archivo, y después me lo mandan.)

1. PLAGA O ENFERMEDAD A CONTROLAR O PREVENIR:

2. CULTIVO O CULTIVOS A LOS CUALES ATACA:

3. EPOCA DEL AÑO CUANDO MAS ATACA:

4. DAÑO QUE HACE:

5. ¿COMO SE IDENTIFICA LA PLAGA O LA ENFERMEDAD?:

6. MÉTODO DE CONTROL O PREVENCIÓN:

7. COMENTARIOS:

8. NOMBRE DEL AGRICULTOR/A QUE HACE LA COLABORACIÓN:

9. FINCA, PROYECTO U ORGANIZACIÓN:

10. INFORMACIÓN DE CONTACTO (TELÉFONO, EMAIL, ETC)
(Si dan la dirección física, especificar si quieren o no visitas)
NOTA: MANDEN FOTOS Y/O DIBUJOS, SI LOS TIENEN

AGRICULTURA ORGANICA A LA PUERTORRIQUEÑA

Publicado en Agrocooperando, periódico de la Cooperativa Agrocomercial de Puerto Rico, mayo de 2009.

AGRICULTURA ORGANICA A LA PUERTORRIQUEÑA
RESEÑA: El Huerto Casero: Manual de Agricultura Orgánica, segunda edición. Por Nelson Alvarez Febles. EMS Editores, 2008.

Carmelo Ruiz Marrero

La producción agrícola orgánica goza de un gran auge por el mundo entero. Se perfila como alternativa viable y efectiva para proteger el ambiente, combatir el calentamiento global, revitalizar comunidades rurales y economías agrícolas, y alimentar el mundo.
Pero la mayor parte de la información práctica de cómo sembrar orgánico nos viene de otras latitudes, de lugares como Estados Unidos y Europa, donde las condiciones climatológicas y los tipos de suelo son totalmente distintos de los nuestros. Por otro lado oímos de bocas poco informadas que la producción orgánica no es viable en nuestro país supuestamente debido al calor y humedad de nuestro clima. Mientras tanto, países igual de tropicales que el nuestro, como Costa Rica, Ecuador y Brasil, nos están comiendo los dulces como productores y exportadores de productos orgánicos a mercados altamente cotizados en Europa.
Ante esta situación se hace necesario desarrollar un saber nacional sobre el agro orgánico, adaptado específicamente a la geografía y cultura puertorriqueñas. Pero antes de tirarnos a desarrollar novedosas tecnologías y técnicas primero hay que rescatar del olvido y abandono las tradiciones y conocimientos que los campesinos jíbaros desarrollaron a través de siglos de experiencia con el terruño, sabiduría antigua y profunda que fue injustamente tildada de atraso e ignorancia cuando se industrializó la agricultura en el siglo pasado. Es urgente rescatar ese conocimiento no solamente para darle nuevos bríos a nuestra agricultura sino también para enfrentar la crisis económica, el agotamiento del petróleo y el calentamiento global.
En su libro “El Huerto Casero: Manual de Agricultura Orgánica”, el autor Nelson Alvarez Febles hace una contribución importante en esta dirección.
Alvarez Febles no es nuevo en este campo. Desde hace muchos años su nombre es bien conocido por casi todo el mundo en Puerto Rico que está comprometido con la alianza de la agricultura con la ecología. Al comenzar la década de los 90 yo estudiaba humanidades en la UPR de Río Piedras y, emocionado con las nuevas posibilidades que presentaba la recién comenzada era de la posguerra fría, me la pasaba hablando de desarrollo sustentable, energías renovables y agricultura ecológica, y fueron varios los amigos que me dijeron “deberías hablar con Nelson Alvarez, él está en la misma onda que tú”.
De hecho, “El Huerto Casero”, ahora en su segunda edición, fue publicado originalmente en 1984 por la Editorial Claridad. El primer borrador data de 1981, escrito en las montañas del barrio Matuyas Bajo de Maunabo “durante horas robadas al trabajo en la finca o bajo la luz de velas y quinqués por las noches”. Para entonces Alvarez Febles llevaba años promoviendo la agricultura orgánica, en una época en que casi nadie- ni en la izquierda ni en la derecha- sabía qué era eso, y el movimiento ambientalista como lo conocemos hoy apenas estaba tomando forma.
En 1989 Alvarez Febles formó parte del colectivo que fundó en el barrio Cubuy de Canóvanas, el Proyecto Agro-Orgánico de Cubuy. Durante sus tres años de existencia, éste “fue un semillero fértil para muchas de las iniciativas posteriores que se han dado en Puerto Rico en la agricultura orgánica”. En 1993 publicó “La Tierra Viva: Manual de Agricultura Ecológica” con el auspicio del Instituto de Educación Ambiental de la Universidad Metropolitana, en el cual profundizó en los aspectos teóricos y políticos de las prácticas agrícolas ecológicas dentro de un contexto de conciencia social.
Fue ese año cuando por primera vez pude conversar extensamente con Nelson, pues coincidimos en el Instituto de Ecología Social en Vermont, EEUU. El estaba presentando su tésis de maestría sobre agricultura orgánica mientras que yo estaba apenas llegando al Instituto para comenzar la maestría mía. De ahí él salió derecho a Barcelona a trabajar para GRAIN, organización internacional dedicada a la protección y uso sustentable de la biodiversidad agrícola. Por muchos años GRAIN ha hecho vanguardia al abordar temas relacionados al nexo entre agricultura y sustentabilidad. Década y media después de ese encuentro en Vermont oí de la boca de amigos argentinos que Nelson había ofrecido un memorable taller de dos días sobre huertos urbanos en la ciudad de Rosario. Actualmente vive en Atlántida, un pueblo costero uruguayo ubicado entre Montevideo y Punta del Este.
Y, ¿Qué ha cambiado entre la primera edición de “El Huerto Casero” y la nueva edición? “En estos últimos 25 años, desgraciadamente hemos presenciado el crecimiento de la agricultura contemporánea, basada en la industrialización a gran escala y en el uso intensivo de recursos externos como el agua, petróleo, abonos químicos, agrotóxicos y, más recientemente, en la introducción masiva de cultivos transgénicos”, dice el autor en la introducción a la segunda edición. “Ese tipo de agricultura depreda los recursos naturales, tiene un impacto muchas veces negativo sobre la calidad de los alimentos que llegan a la mesa, y fomenta la destrucción del mundo rural y campesino”.
“Mientras, todavía se escuchan voces, tanto desde el sector empresarial como desde los sectores oficiales, argumentando que la agricultura orgánica es un lindo ideal, pero imposible, especialmente en un clima tropical como Puerto Rico, etc. Esa manera de pensar ignora la gran cantidad de investigación que se ha hecho en todas partes del mundo, tanto desde las universidades como de los centros de investigación de las organizaciones de la sociedad civil. Durante las décadas de los años 70 y 80 se fue probando que la agricultura orgánica (entendida como la agricultura ecológica, permacultura, biodinámica, entre otras aproximaciones ecológicas y sustentables) es técnicamente viable en todo tipo de climas. Lo hemos visto desde España hasta Filipinas, desde el estado de Vermont a la provincia de Buenos Aires, y de las montañas de Utuado a los llanos costeros de Rincón.”
Pero, ¿Cómo hacer realidad la visión agroecológica en Puerto Rico, cuando nuestro paisaje político y económico es tan adverso a este tipo de propuesta? Alvarez Febles propone como paradigma de acción el mantener vivos los bolsillos de resistencia. Estos bolsillos pueden ser territoriales (como lo son los huertos orgánicos), biológicos (como plantas medicinales y variedades de semillas) o culturales (como los conocimientos tradicionales y cosmovisiones antiguas). “Se trata de pensar en estos bolsillos de resistencia como las semillas para el futuro, semillas de esperanza para los nuevos tiempos”.
Esta segunda edición no es un mero refrito de la edición del 84. Además de una introducción nueva, hay secciones nuevas que incorporan técnicas, como estrategias de siembra y conceptos de abonamiento, conversiones de medidas al sistema métrico, y un apéndice que lista valiosas lecturas, recursos y contactos. A las ilustraciones de la edición original, hechas por Nuria Banal, se añaden otras de Coqui Santiago.

Un vistazo desde la ecología social a la agricultura ecológica en Puerto Rico

[NOTA: En el número de abril del Periódico Diálogo de la Universidad de Puerto Rico, en la página 31, se publicó el artículo “Agricultura ecológica: relación sensata con la naturaleza”, una versión abreviada y sin notas del artículo que sigue abajo. Si no tienen acceso a la versión del periódico en papel, está disponible en Internet: http://dialogodigital.com/node/1289 ]

(Rincón biodiverso en el huerto del autor.)


por Nelson Alvarez Febles[1]

“… el sistema de desarrollo actual es insostenible. En ese sentido, desarrollo y sostenibilidad no se combinan. Son lógicas contradictorias.”
Leonardo Boff, teólogo brasileño, 2006


Hablar de agricultura ecológica[2] incluye el empeño de cultivar nuestros alimentos mediante tecnologías que protejan a la naturaleza, favorezcan nuestra salud y utilicen los recursos naturales con perspectiva intergeneracional. Además, tiene que ver con cambios de paradigmas en la manera de pensar la ciencia y el desarrollo.


Complementariedad frente a jerarquías

Nuestra actualidad sigue marcada por el cambio que se produce en el pensamiento dominante europeo durante la Ilustración, desde un teocentrismo dominado por estructuras religiosas feudales a un antropocentrismo que propició el desarrollo industrial y el capitalismo. La naturaleza pasó de ser vista como un reflejo incuestionable de la creación divina a una expresión de la evolución a ser subyugada por el hombre [nota del autor: uso intencional del género masculino].

Más allá de que pensamiento reduccionista basado en el racionalismo ha sido, sin lugar a dudas, esencial para el desarrollo de importantes tecnologías modernas, el mismo también está en la raíz de muchos de los problemas sociales y ecológicos a los cuales se enfrenta la humanidad en este principio de siglo. El calentamiento global, la destrucción de ecosistemas completos, la acumulación sin límites de riquezas y su contraparte la pobreza en la que vive la mitad del planeta son inseparables de una determinada forma de mirar la realidad.

Según esa construcción europea atropocentrista, el hombre estaría en la cúspide de la escala biológica, y todo lo demás, -ecosistemas, animales (o razas distintas), árboles, plantas, ríos y montañas- sujeto a su dominación y transformación. Proyectamos un imaginario hostil contra la naturaleza, mientras transferimos a ella esquemas jerárquicos de dominación –el león es el rey de la selva, el pez grande se come al más pequeño.

Durante el siglo veinte surgieron, desde la ciencia, otras miradas. La física cuántica, al entrar en el mundo de las partículas subatómicas, se encuentra con que en vez de fragmentaciones cada vez más pequeñas lo que existe es una compleja red de relaciones: el mundo subatómico no está formado por materia, sino por ‘manojos de energía, pura actividad’.[3]

La ecología moderna nos enseña que lo que existen son relaciones complejas de complementariedad entre una enorme diversidad de seres que producen una gran estabilidad.[4] El ser humano también entraría a formar parte de los ecosistemas, de la enorme diversidad de seres vivos, sistemas geográficos (montañas, lagos, ríos), fenómenos climáticos, un todo en dinámica interrelación.
Esto desplaza al ser humano del trono donde él mismo se ha colocado y lo obliga a una reflexión ética. Ya no es posible en nombre de la ciencia reclamar una objetividad incuestionable, ciencia a la que hoy se le exige que acepte el principio de precaución ante la duda sobre los impactos –físicos o sociales- que sus inventos puedan tener sobre la naturaleza o las personas.[5]

La ecología social plantea que los problemas ecológicos están profundamente arraigados en complejas problemáticas sociales; por lo tanto, las soluciones a estos problemas deben partir del pensamiento ético y acciones colectivas[6]. La naturaleza y lo social se funden en un continuo sin perder sus características particulares, en una tendencia hacia la interdependencia. El ser humano tiene un papel particular, no porque su lugar evolutivo le otorga el derecho a disponer de todo lo demás, sino porque la capacidad de autoreflexión le impone el deber de expresar lo mejor de su potencial. El ser humano es visto como la oportunidad de la naturaleza adquirir plena conciencia sobre si misma. Debemos ser su expresión más creativa, no sus verdugos. Ese es el gran reto de la especie, pues el mundo va a sobrevivir con o sin nosotros.

Al dejar de pensar en términos jerárquicos, tenemos que plantearnos la igualdad de razas y géneros. Hay que desterrar los empeños en homogenizar a los pueblos eliminando la diversidad de lenguajes, arte, religiones, culturas. Igualmente, al respetar la diversidad en la naturaleza desde los niveles más elementales (flora, fauna, ecosistemas) tenemos que cuestionarnos el uso de la violencia para la conquista de territorios, recursos naturales (agua, minerales) o recursos biológicos (alimentos, genes, especies, grupos humanos).


Bases de una agricultura ecológica

Desde la discusión anterior se puede entender que una verdadera agricultura ecológica debe cumplir con los siguientes principios:[7]

· Económicamente sostenible: viabilidad en el tiempo, en cuanto a la finca como unidad, en cuanto a la región, recursos, bajos insumas externos, rentabilidad estable, integración de todos los componentes: producción, mercadeo, tecnología, investigación participativa.

· Ecológicamente sensitiva: protección, recuperación y regeneración de los recursos no renovables, en vez de degradación y agotamiento; sintonía con el naturaleza; uso del reciclaje; uso de tecnologías/energías alternas; protección de la biodiversidad; tecnología libre de agroquímicos que afectan el agua, la tierra, el aire, la flora y la fauna; productos sin residuos tóxicos para el ser humano.

· Socialmente justa: salarios y entradas dignas para los agricultores y trabajadores, respeto por sistemas y conocimientos tradicionales, igualdad de derechos para la mujer, alimentos suficientes en calidad y cantidad para los productores en todo el planeta, respeto por la diversidad cultural; consideración por los efectos que la agricultura produce en la sociedad, el medio ambiente, la economía, las generaciones futuras y pueblos de otros países.

Este tipo de agricultura utiliza prácticas que protegen a los recursos naturales a la vez que producen beneficios para la naturaleza y los agricultores:

• Variedad de cultivos a través de la utilización de la rotación de cosechas, los cultivos intercalados y el descanso del suelo o la selección de variedades de cultivos que se adapten bien a las condiciones de suelo y clima de la finca.

• La utilización de materia orgánica para mejorar los suelos y nutrir los cultivos, y la minimización del uso de abonos no orgánicos.

• El uso de controles no tóxicos para el control de plagas y enfermedades.

• Controles mecánicos y orgánicos de la vegetación no deseada, en vez de usar herbicidas.

• El aprovechamiento y reciclaje de los recursos internos de la finca y de la vecindad, para reducir en lo posible los costos de producción.

• La protección del suelo de la erosión, la no contaminación de los recursos naturales, la protección del agua (en el suelo, superficial, acuíferos), la protección de las especies autóctonas -herencia genética- fomento de la biodiversidad y la regeneración del ecosistema local.


Por qué agricultura orgánica en Puerto Rico

Durante las décadas de los sesenta a los ochenta en el mundo se llevó a cabo muchísima investigación de campo, por o cual hoy se puede afirmar sin lugar a dudas de que la agricultura orgánica es agronómicamente posible. En otros escritos hemos dado argumentos sobre lo anterior, [8] existe muchísima más información, alguna de fácil acceso en Internet. Baste aquí decir que según la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM, según siglas en inglés), en el mundo en el año 2005 se hizo agricultura orgánica en 120 países, 623,000 fincas y más de cien millones de cuerdas.[9]

Por lo tanto, las principales dificultades que enfrenta la agricultura ecológica para su adaptación en gran escala tienen que ver más bien con políticas públicas. Por ejemplo, qué se enseña en las universidades, que tipo de subsidios se le dan a los agricultores, los sistemas de acopio, distribución y mercadeo, la prioridad estética sobre la nutricional en la selección de alimentos, el procesamiento frente al consumo fresco, la falta de estímulo al consumo de alimentos del lugar y del tiempo, entre muchas otras.

Nosotros entendemos que una agricultura ecológica en Puerto Rico podría aportar a encaminarnos hacia esa otra manera de vivir en esta Isla que creemos posible:

· En lo ecológico: Protección de nuestros suelos, bosques, montes fuentes de aguas, lagos, costas, manglares. Conservación de ecosistemas sensibles. Reducción de la contaminación química. Conservación y aumento de la biodiversidad productiva.

· En lo económico: Creación de empleos de calidad, especialmente para jóvenes. Autogestión familiar y comunitaria. Diversificación de la matriz productiva en Puerto Rico. Aumento del auto-abastecimiento alimenticio.

· En lo social: Revitalización productiva y social de nuestras zonas rurales, especialmente en el interior del país. Rescate del mundo rural, con su bagaje de conocimiento tradicional –reconocido hoy como esencial al manejo intergeneracional de los recursos naturales. El rescate de la dignidad de la “cultura del agro”.
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[1] El autor es especialita en agricultura ecológica y políticas públicas en biodiversidad agrícola. Correo electrónico: info@ecoser.org
[2] Incluimos en el concepto de agricultura ecológica, sin dejar de reconocer los matices de cada una, a la agricultura orgánica, la permacultura y la biodinámica.
[3] En la divulgación de estas ideas han sido pioneros los trabajos de Fritjoff Capra, entre ellos el Tao de la física (1975) y El punto crucial (1982)
[4] Pienso, por ejemplo, en el importante libro de Ramón Margalef, Teoría de los sistemas ecológicos, Universitat de Barcelona, 1993.
[5] Ver, por ejemplo: “Cuando haya amenaza de daño grave irreversible, no debería utilizarse la falta de total certidumbre científica como razón para postergar la adopción de medidas eficaces… para evitar la degradación del medio ambiente.” Declaración de Río (principio 15), Conferencia de las Naciones Unidas para el medio ambiente y el desarrollo, 1992.
[6] El principal exponente de la ecología social lo fue Murray Bookchin, autor, entre otros textos, de: The Philosphy of Social Ecology: Essays on Dialectical Naturalism, 1995.
[7] Los conceptos que se incluyen en este apartado han sido adaptados de nuestro libro La Tierra Viva: manual de agricultura ecológica (1993), UMET.
[8] Por ejemplo, en la nueva introducción de nuestro libro El huerto casero: manual de agricultura orgánica, (2008) paginas 15 a 17.
[9] IFOAM. “The World of Organic Agriculture: Statistics and Emerging Trends,” Alemania (2006). www.ifoam.org